Pasamos cuatro días recorriendo algunos de los valles más profundos, desconocidos y hermosos de Cantabria y Asturias, con paradas en miradores que no aparecen en ninguna guía, disfrutando además del paisanaje, de la buena gastronomía y del merecido descanso en un pequeño gran hotel de cinco estrellas que realmente merece la categoría de la que presume.
Por fin el tiempo nos dió una tregua en esta primavera tan lluviosa y nos permitió disfrutar de los embrabecidos paisajes de la media y alta montaña del norte de la península; paisajes cambiantes que pasaban de los tonos verdes rabiosos de la Cordillera al blanco de las cumbres aún nevadas del macizo de los Picos de Europa, con permiso claro está del omnipresente mar cantábrico siempre azúl.
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