Desde Cantabria tomamos dirección sur camino de La Rioja, concretamente de San Millán de la Cogolla, cuna del Castellano, alojándonos en la hospedería del Monasterio de Yuso que sin duda gustó a todos los participantes.
En la Comunidad Riojana rodamos por carreteras solitarias en las que únicamente nos detuvimos para deleitarnos con el paisaje y para ceder el paso a un grupo de corzas en lo alto de uno de los puertos.
Por supuesto que no nos olvidamos de la Rioja del Vino. Una de las jornadas la dedicamos a visitar dos buenas bodegas diferenciadas por su sistema productivo, totalmente modernizado en la primera de ellas y muy tradicional en la segunda.
Esta última fué sin duda la que más sorprendió al grupo: tinas de roble de 20.000 litros de capacidad con más de cien años de antigüedad, utilización de técnicas totalmente artesanales para la producción, su propio taller de tonelería para fabricación y reparación...
Como colofón final, el último día, ya camino de madrid, nos detuvimos en los yacimientos de Atapuerca. Allí tuvimos la oportunidad de pasar unas horas muy divertidas aprendiendo un poco más sobre nuestros antepasados.
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